Hemos querido entrevistar a un DJ por el que tenemos una gran debilidad: Uroz. Pese a su juventud, se trata de todo un veterano de la escena underground barcelonesa, residente en Clubs como Moog (y por tanto un ‘warm-up master’ de DJs estrella), además de aparecer etiquetado como ‘talento nacional’ en el cartel del último Sónar. Todo un adalid del techno y de la escuela “Weatherall” (la bisagra entre el rock y la electrónica que tantos temazos nos ha dado) del que estamos muy orgullosos de poner tener en nuestra Launch Party de lanzamiento de la app Clubberize. Antes de su ecléctico DJ set de este miércoles, le hemos lanzado algunas preguntas sobre la cultura de club en Barcelona y su educación musical, en esta extensa -y sumamente interesante- entrevista.

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Quiero ir a la Launch Party!
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Antes de entrar en materia, ¿quién es Uroz? Los datos que manejamos son residencias en Moog o Depósito Legal y un gusto exquisito en la selección de las temáticas en tus sets…

Uroz de apellido y de nombre Adrián, nacido y formado hace mogollón de años (aunque mi apariencia no diga lo mismo) en el extrarradio de Barcelona, concretamente en Hospitalet. Empecé hace diez años en Depósito Legal, lugar en el que mantengo aún una residencia mensual. Residí también en la discoteca Salamandra hasta el 2012, año en el que Omar León me fichó como DJ residente del Moog, el club más musculado en materia techno de este país, para dar el salto definitivo a la electrónica. Allí me siento muy a gusto, ya que puedo desarrollar mi estilo codo a codo con gente que conecto y admiro como Gus Van Sound, Ruben Seoane, David Lost o el propio Omar.

Me considero un DJ todoterreno, como una especie de obrero de las cabinas que me adapto a cualquier situación. Soy melómano, comprador compulsivo de discos y sintetizadores, amo a los gatos, no consumo drogas y odio el futbol.

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En junio estuviste en el Sónar actuando por primera vez.  Suponemos que fue una experiencia inigualable e increíble, aunque preferimos oírlo de tus propias palabras

Fue un placer y una sorpresa que el Sónar quisiera contar conmigo en su cartel como uno de los tantos representantes nacionales en su programación. Estoy ligado al festival como asistente desde el 2001 así que formar parte del mismo ha sido algo especial.

Cuéntanos cómo fue el set. ¿Pusiste más matraca y chicha de los que sueles pinchar en otro tipo de sesiones? ¿Bajo qué concepto concebiste el set?

Debido a mi sentido enfermizo de la autocrítica jamás estaré contento al 100% con el resultado final de lo que hago, pero es algo que he aceptado y que vivo con ello. Cumplí con la premisa esencial de mi sesión y fue la de llenar y calentar el escenario del Sonar Car. Inicié el set a las 22h en punto y tenía por delante una hora y media para desarrollar la sesión. No estoy habituado a pinchar tan poco tiempo, todo sea dicho, y además jugaba con varios handicaps que debía tener en cuenta, sobretodo el de encontrar el equilibrio perfecto al poner la música correcta en función de la cantidad de público que iba entrando y conseguir el poder de atracción para que se quedaran y sobretodo bailaran.

Y así fue, en ese breve espacio de tiempo cambié de registro varias veces, algo habitual en mis sesiones, empezando por un sonido disco de aires oscuros con cadencia al electro para rematar con techno a medio tiempo que funcionó muy bien. Al final, lo importante, es que la gente bailó y se lo pasó bien, creo…

Como decía antes, somos bastante fans de como hilas tus sets y, sobre todo, de tu predilección por la fusión del rock con la electrónica. ¿De dónde nace dicho estilo o manera de hacer?

Mi background musical lo constituye el pop-rock independiente, en especial el crossover que hizo de puente de acercarlo a la electrónica de baile por bandas como Primal Scream, New Order, Death In Vegas, Nitzer Ebb o Meat Beat Manifesto, así como de productores como Andrew Weatherall, Underworld, Aphex Twin y Orbital. De ahí desde que empecé primero pinchando bandas de rock que miraban a la electrónica como LCD Soundsystem o !!!, hasta desarrollarme poco a poco en un discjockey de electrónica de baile sin perder esa esencia. Sin olvidar unas premisas muy claras como no perder el factor sorpresa saliéndote por la tangente y sobretodo moverte por diferentes estilos dentro del techno que pincho actualmente para no aburrir al público y no acabar en el acomodamiento facilón. Considero un gran error que con la cantidad de música que hay el hecho de que algunas sesiones sean lineales y ejecutadas perfectamente sin explicar nada.

Un disco para levantar una sesión. Otro para cerrarla

Sin pensarlo, sin temblarme el pulso, “Positive Education” de Slam. Es un clásico, es perfecto y hace que todo suba al instante, además creo que fue el primero tema “techno” que descubrí de adolescente. Un tema perfecto para cerrar podría ser “Bailaré sobre tu tumba” de Siniestro Total.

El otro día comentábamos off-the-record acerca del arte de “hacer un warm-up”. ¿Por qué esa predilección a lo que muchos simplemente rechazarían por un ego desmedido?

Un error del presente por muchos DJs que empiezan es ese ego de acaparar las horas puntas y levantar los brazos solo para lucirse y olvidar así el público. Personalmente, firmaría sólo por hacer warmups: para mí es algo especial pinchar para una pista vacía. Permitirte a primera hora tus concesiones musicales para ti mismo, probar cosas raras y construir la noche desde cero usando beats lentos para ir subiendo. Ver entrar a la audiencia a la sala e iniciarla al baile es el trabajo más difícil y a la vez el más agradecido, sobre todo cuando llega la hora de dejar los mandos y observar que has dejado aquello en el punto perfecto para el que venga después solo tenga que terminarlo de reventar y hacer el segundo trabajo difícil, que es mantenerlos ahí hasta el final.

Cuando tienes una formación al estilo de la vieja escuela asimilas todos los procesos y fases que te llevan a pinchar en hora punta. También sirve para bajarte los humos de los nervios que te da la juventud de comerte el mundo, para volverte paciente, frío y respetuoso. Porque, al fin y al cabo, no todo gira en torno a pinchar discos, sino que la música es lo más importante.

Un truco chavales: nunca os olvidéis de las chicas, ellas tienen el poder, ¡así que no perdáis el groove!

¿Qué discos son los que no venderías ni por un trozo de hígado o por el Sueldo Nescafé para toda la vida?

Esta pregunta es una putada pero te diré dos porque me extendería a miles de referencias que conforman mi imaginario particular: el disco del plátano de la Velvet Underground y el Neu! 2. Ambos los descubrí de adolescente, no son discos caros y son fáciles de conseguir pero pagaría millones por volverlos a descubrir. Los considero como las piedras angulares del pre-punk y la proto-electrónica.

Volviendo al tema del Sónar, en 2015 se dio una importancia a la escena nacional, un debate todavía muy presente hoy en día. ¿En qué punto te identificas de esta hipotética “escena” o camada de artistas? ¿Dónde está el techo de todo esto?

Es de agradecer que el Sónar, al ser uno de los festivales de música electrónica del mundo, tenga presente y apueste por una representación cada año de artistas nacionales. Quizá no los programen en los mejores horarios, pero ahí están.

Pero mejor hablemos sobre el tema de “la escena”: en este punto yo me identifico más bien con otro concepto que sería “la resistencia”; soy uno más dentro del tejido de artistas que en este caso tiene Barcelona. A base de trabajo y constancia intento luchar por estar ahí y la verdad es que cada vez es más complicado, pero vamos que tampoco es desesperante. Los límites de la escena la marcarán los propios artistas y las diversas plataformas, no hay ni más ni menos escena que antes porque siempre ha existido, la diferencia es que ahora, gracias a Internet, todos estamos conectados y la retroalimentación de las cosas que suceden en cada punto de la península es más rápida.

Por otro lado los sellos entienden que se ha de trabajar con el mismo método que en el resto de Europa. A lo que vengo, la calidad de música electrónica en España ha subido y el resultado es que hay un fuerte reclamo desde fuera de las fronteras. El problema reside en el propio territorio y en su base cultural. Nunca podremos ser como Alemania porque allí en cualquier centro comercial ves discos apilados de Modeselektor, mientras que aquí… Bueno, aquí el número uno sigue siendo Alejandro Sanz.

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¿Qué significa para Uroz el concepto de Cultura de Club? ¿Podrías definirlo?

Me quedo con una frase célebre que dijo un ejecutivo de Nintendo en 1989: “Los videojuegos no afectan a los niños, es decir; si Pac-Man nos hubiera afectado de niños, ahora estaríamos todos moviéndonos por habitaciones oscuras, tragando pastillas mágicas y escuchando música repetitiva.” Nada más que añadir.

¿Cuál fue tu primer contacto con la Cultura de Club? ¿En qué estado de salud crees que se encuentra hoy en día? 

La toma de contacto con los clubs o lo que yo entiendo por ello fue todo lo que supuso el electroclash a principios de los 2000. Lo sigo considerando el último buen hype que ha existido y, aunque por edad no pude disfrutarlo tanto, mi visión como DJ es producto de aquello. Se mezcló todo: estética, moda, actitud, diseño y sobre todo una explosión musical. Las sesiones eran brutales por parte de los DJs más top del momento: mezclaban cosas de distintos ámbitos, desde el pop electrónico, a sonidos industriales, hits ochenteros, house de Chicago, electro de la Haya, todo lo de Gigolo Records, italodisco, Techno Detroit como Underground Resistance…

Yo creo que no hay cultura de club. Es más, me parece una definición desfasada que a día de hoy no tiene ningún tipo de sentido. La gente sale y la gente va dónde va la gente, así sin más.

Del circuito de clubs de Barcelona, ¿cuál es tu sala favorita? ¿Dónde te sientes más cómodo o especial? 

Soy defensor y me siento cómodo en el formato de club pequeño, por varias razones. Por un lado las líneas artísticas de los programadores suelen ser más arriesgadas y por tanto ofrecen propuestas que no verías en un club grande y que para mi suelen ser más interesantes que los grandes. Por otro lado está la cercanía con el público: sin sonar snob, prefiero tener una audiencia pequeña con la que conectas muy rápido y recibes un feedback instantáneo.

En este caso principal y evidentemente, me quedo con el Moog Club y no porque sea el club del cual soy residente, sino porque como público antes de que me ficharan allí ya encontré las cosas que buscaba por lo citado antes. También quiero destacar el Switch Bar del barrio de Gràcia, un microclub gestionado por el DJ y melómano Sergi Deckard, el cual imprime mes a mes sus debilidades en propuestas musicales basadas en el buen gusto y la libertad estilística. Y aunque no soy asiduo, pero sigo de cerca lo que está haciendo Guim Lebowski en el Macarena Club los domingos noche con Cercle, mediante una programación de artistas que me llama mucho la atención y que considero de primera línea.

¿Qué cosas cambiarías o eliminarías de la escena de clubs barcelonesa? ¿Crees que tenemos la suficiente cultura de club como para ser una ciudad puntera en este sentido?

Desde fuera parece que Barcelona sea la panacea del clubbing y sinceramente, no lo es, más bien es todo lo contrario. La historia es que la ciudad brilla durante solo una semana al año y es la del Sónar, donde miles de fiestas de promotores importantes vienen de afuera a hacer pasta con la excusa del festival, el sol, la playa y todo ese rollo. Una vez finalizados estos días cerramos el chiringuito y hasta el año que viene. Pero el resto del año es un poco decadente, de hecho creo que hay la cantidad justa de clubs que necesita la ciudad y paralelamente hay fiestas muy atractivas para cubrir la demanda. ¿Si hubiera más oferta cubriría la demanda? ¿Existe tal demanda? Estoy harto de ver como fracasan muchas fiestas por falta de asistencia de público…

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Quiero ir a la Launch Party!
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